El caso Ramfis Domínguez Trujillo: no estamos para soñar con pajaritos preñados

Vianeyri Alcantara enero 8, 2018 0

EL AUTOR es productor de radio. Reside en Nueva York.
Por ROLANDO ROBLES –

Dicen que los “guardias viejos” leen como quiera. Pero eso es una verdad a medias. Porque si el mensaje está escrito en un idioma extraño, de nada le vale la veteranía. Además, hay recados que vienen “codificados” y el lector necesita no solo ser avispado para entenderlos, sino no dejarse influenciar por el contenido. En fin, en materia de ideas nuevas, siempre debe primar la prudencia; al recibirlas y al transmitirlas.

Pienso que mi amigo Hungría Vásquez Hernández, por ser un hombre serio, demócrata y de corazón patriótico, se siente atosigado por el estado de desorden en que se halla nuestro país; y busca una solución a toda costa, aunque sea un tanto incierta.

Él se amarra a la esperanza -bastante peregrina, por cierto- de que “cualquier cosa” que venga, ha de ser mejor que lo que tenemos hoy.
Y tal vez tenga razón, pero solo talvez. Para entender los conflictos, debe uno tratar de mantenerse fuera de ellos pero, una vez que se entienden, para resolverlos, hay que meterse dentro de ellos. Porque desde afuera, nunca se ha podido hacer cambios.

Tanto Hungría, como yo sabemos muy bien -por aquello de la antigüedad en el servicio- que “el que quiera comer pescado, tiene que cuando menos, mojarse …. el tobillo”.

Hoy quiero solamente, leer el tablero en que actúa el joven Ramfis Trujillo. Porque ha decidido eliminar el “Domínguez” paterno; supongo que no es por ingratitud sino, porque en estas condiciones, el apellido de su padre no le agrega ningún valor a su proyecto. Su tarjeta de presentación dice“nieto del generalísimo Trujillo”, no “hijo del coronel Domínguez”. Creo que eso es solo un asunto de imagen.

LEY ANTIDEMOCRATICA

Pero vamos al grano, que a eso vinimos. Lo primero es dejar claro nuestra repulsa -que creo sé es mutua, de Hungría y mía- a la antidemocrática ley 5880-62, que emanó de un gobierno de facto como lo fue el Consejo de Estado y que prohíbe hasta mencionar el nombre Trujillo en público.

Esta es una ley anacrónica y arbitraria, que fue motivada por el proyecto de la oligarquía dominicana, de robarse -como efectivamente se robaron- toda la fortuna que los Trujillo no se pudieron llevar al exterior y que pertenece al pueblo dominicano. También creo, o quizás solo sueño, con que llegará el día en que le pidamos cuentas a esos “ilustres” ladrones.

Lo segundo es advertirle a Hungría Vásquez Hernández que lo que dice o escribe ese “gran periodista” que él cita de manera parcial, no debe preocuparle, ni tomarse como punto de partida para el análisis de la candidatura de Ramfis, porque dicho “gran periodista”, en el extenso “artículo” que escribió sobre el tema, no emite ningún juicio de valor sobre la pertinencia, legalidad o legitimidad de la susodicha candidatura.

El autor mas bien, se dedica a despotricar contra los Trujillo -y tiene algo de razón- pero nunca sustenta la invalidez de la postulación del nieto, que suponíamos era la intención del panfleto.

Mas bien, el “gran periodista” citado por mi amigo Hungría, solo hace una “apología” de colmadón de los Trujillo, con medias verdades, mentiras enteras y tergiversaciones de hechos, que recuerdan -por lo panfletaria y venal- al Foro Público de Panchito Pratts y las peroratas de Santiago Lamela Geler en Radio Caribe.

Porque una de las características mas emblemáticas de los extremistas es la hipocresía; y siempre coinciden -hasta en las formas- con su aparente antípoda. Unos y otros abrevan en la alcantarilla de las descalificaciones y el insulto para elaborar sus discursos.

Nótese que el “gran periodista”, en su descolorido pasquín, enarbola la tesis infame de que “los hijos de los malos son diablitos y los hijos de los buenos son angelitos”. Lo mismo que quiere vender Minú Tavarez Mirabal. Nada mas anti histórico y disparatado, pues los hombres no eligen la cuna donde nacen, pero sí la cama donde han de morir. Pero, ¿qué se va a hacer con estos caricatos de la política?

El caso es mi tribuno, que usted tiene demasiadas expectativas sobre Ramfis y créame, su discurso no es verdad que es nuevo, lo novedoso es que lo diga él. De hecho, no hay nada de lo que dice, que no lo haya oído usted antes y de la boca de casi todos los políticos conocidos; o ¿estoy equivocado?

RAMFISMANIA

Sobre la presencia de la “ramfismanía” en los medios, entiendo que hoy día, es verdad que se siente; y le voy a plantear una idea para que usted en persona la piense y la evalúe.

Es una tesis que tengo sobre el papel y las consecuencias de los medios y redes sociales en la política actual; y que explica esa “sólida presencia” que usted le asigna al hijo de Angelita Trujillo. Mi idea aún no está terminada, así que puede ser desmontada, modificada o aceptada. Solo piénsela y luego hablamos:

Antes, las noticias llegaban casi con el cuenta gotas. Un periodista iba al lugar de los hechos acompañado de una cámara de video o fotográfica y con las imágenes y las notas escritas elaboraba el reportaje. Luego se lo suministraba al director y éste, según los intereses del dueño, decidía qué sacar al público. Con suerte, en un par de horas la noticia era conocida por la gente que pudiera ver u oír el medio. Si era un periódico, la noticia estaba disponible por lo general al otro día.

Hoy es diferente. Una persona cualquiera con un celular, toma imágenes del acontecimiento en vivo y en cuestión de momentos, esas imágenes pueden dar la vuelta al mundo. Todo es instantáneo, pero cada persona también puede distorsionar el hecho, como usted lo ha visto cientos de veces; y quien lo recibe y retransmite, también puede distorsionarlo -y lo distorsiona- en función de lo que piensa o cree que le conviene. Al linal, tienes una noticia que se mueve rápido, pero muy contaminada por el tinte personal del periodista que somos todos, si tenemos un celular.

De ahí en adelante se registra el paso mas interesante del fenómeno de la “noticia instantánea” de hoy: la gente común, que tiene por lo general muy poca instrucción política, construye tesis de campañas a la luz de sus escasos conocimientos y en un santiamén se está repitiendo una opinión de alguien que cree ser un experto en política, cuando en verdad es todo lo contrario.

El ejemplo más significativo era la creencia de que la acusación pública de corrupto, restaba votos al candidato contrario, pero la realidad era que la gente se acercaba mas a ellos porque allí se movía mas dinero. Y siempre ganaron los “candidatos corruptos”, con la ayuda de los ilusos que creían que identificándolos como tales, les hacían daño.

Hasta el 2016, la corrupción era la octava preocupación de los votantes; hoy, con todo y Odebretch, no está dentro de las tres primeras. Algo mas sobre los mensajes equivocados: después que se popularizó el mote de “comesolos”, entonces es que los morados han ganado elecciones; ¿o no? Suponíamos que eso les hacía daño y resultó todo lo contrario.

Lo mas peligroso de todo esto Hungría, es que cuando los partidos de oposición dejan que su táctica de campaña se la tracen los “ciudadanos comunes y emotivos” de las redes sociales -que por lo general son gente trabajadoras- pero que no tienen experiencia ni estudio electoral, sucede lo que sucedió en las tres últimas elecciones: una derrota “inexplicable” y un clamor de consuelo, de que les habían hecho trampas. Y la maldición tan común se repite: “coño, se va a quedar el PLD de nuevo” y la frustración se va apoderando de los opositores, una y otra vez.

Pero volvamos a Ramfis y a la popularidad que usted le asigna. En ese sentido tengo algunas preguntas: ¿Cuándo se midió? ¿dónde ha juntado una multitud detrás de él? ¿en qué elección ha participado para saber que tiene votos? ¿cómo puede su partido PED convertir esa supuesta simpatía en votos en las urnas? ¿está aceptado dicho partido? ¿la gente que le sigue tiene experiencia organizativa?

Algo peor aún Hungría, ¿usted se leyó el artículo 20 de la Constitución vigente? Hágalo y después hablamos. Porque en realidad usted sabe que no busco descartar a Ramfis simplemente porque sea nieto del Jefe. No Hungría, lo que quiero es que usted sea mas cauto, que ni usted ni yo estamos para soñar con pajaritos preñados.

Deme un ring cuando le sea posible, para que nos bebamos ese cafecito que tenemos pendiente.

Se le quiere y usted lo sabe.

¡Vivimos, seguiremos disparando!