Guía electoral de perplejos: La campaña del absurdo

Plutis.com February 6, 2012 0

Gabriel Lerner -
AOL Noticias -
Después de Florida, la campaña presidencial republicana 2012 sigue como gigantesco Pacman, amenazando con tragar los restantes 46 estados.

Para los latinos, la contienda entre Mitt Romney y Newt Gingrich iba a ser una oportunidad para aprender las posturas de los aspirantes, deducir qué ofrecen para ellos, sus familias y sus comunidades y para ayudarles a decidir por quién votaban en las primarias – si eran republicanos – o si los apoyaban en los comicios de noviembre.

Esperaban saber qué tienen los candidatos para ofrecer al el votante hispano.

En lugar de ello, lo que quedó fueron algunos momentos hilarantes, otros tragicómicos y otros serios, pero preocupantes.

Son un testimonio de que la mayoría en el partido republicano se ha alejado de una vez y para siempre de posturas que en el pasado podrían haber atraido a una cantidad sustancial de votantes latinos.

En cambio, muchos piensan que el partido republicano simplemente no los quiere.

Cuando la encuestadora Latino Decisions preguntó en diciembre (a latinos) si el partido republicano ha hecho una buena labor de acercamiento, o si no les importan mucho, o si son hostiles hacia ellos, el 46% dijo “no les importan”, el 27% que “son hostiles” y sólo el 17% que hacen una buena labor.

Para cambiar esa percepción, lo más atrevido que hicieron los candidatos fue invocar el nombre del senador por Florida Marco Rubio.

Pero un minuto después de la votación en Florida, su nombre se esfumó. Adios, Vicepresidente Marco Rubio. Dudo que aparezca en los debates que faltan. O que se repita el sinsentido de cuando Gingrich y Romney guiñaban un ojo y susurraban su nombre como si fuese un grande de la patria y sugerían – ¡sin decirlo! – que sería su candidato para la vicepresidencia.

“De hecho pienso para Marco Rubio una función un poco más digna y central que ser miembro del gabinete de ministros… pero esto es para [indescifrable] otra conversación”, dijo Gingrich ante un público cubanoamericano en Florida.

¿Por qué insinuaron y no lo dijeron explícitamente? ¿Eh?

Cree usted que realmente, decían lo que pensaban?

¿Qué sentido tendría? Nombrar a Rubio para vicepresidente asegurará para los republicanos el voto cubanoamericano en el condado de Miami-Dade en Florida… ¡que ya es republicano!

Para los otros latinos Marco Rubio es como un signo de interrogación.

Según una reciente encuesta del Centro Pew Hispano, Rubio es un desconocido para los latinos. El 53% no lo conocen. Un 15% adicional lo conocen, pero no les gusta. Hasta entre latinos republicanos, el 40% contestó “¿Rubio quién?”, y otro 15% que mejor no.

Momento torpe 1: la autodeportación

Si hubo algo divertido en esta campaña fue ver cómo dos adultos se esforzaban enormemente para agradar a los hispanos, y al mismo tiempo prometían que de ser elegidos Presidente, ordenarán la deportación de uno de cada 5 de ellos.

Esto llevó a unos momentos de torpeza inaudita, como la solución de Romney para la cuestión migratoria: la “autodeportación”. Algunos blogueros no perdieron la oportunidad de mofarse. Uno anunció que se autodeportaba a Escocia este Cuatro de Julio porque descubrió que su bisabuelo vino ilegalmente.

Gingrich, con su sentido del humor característico, se burló del plan, como se ve de la transcripción de la entrevista de Jorge Ramos el 25 de enero:

“JR: ¿Qué piensa de la idea de autodeportación de Romney? [Risas]
NG: Creo que hay que vivir en un mundo de cuentas bancarias en Suiza y en las Islas Caimán y de un ingreso automático de $20 millones por año sin trabajar, para tener una fantasía tan lejos de la realidad”.

Y más tarde agregó: “Que Romney crea que la abuelita de alguien… se autodeporte… esto es una fantasía digna de Obama”.

Momento torpe 2: ¡Abuelita se queda!

Algo debe saber Gingrich sobre abuelitas y fantasías, porque su propia “solución” para el problema migratorio fue, como Romney, deportar a todos los indocumentados, con una variante. Algunos de quienes viven aquí por 20, 25 años, con una familia estadounidense que los patrocine, que demuestren que pagan sus impuestos, van a la iglesia, pasan la revisión de un comité de vecinos… se podrían quedar. Sin ciudadanía. Eso no. ¿Y el resto? “Que se inscriban al programa de trabajadores huéspedes.”

Fue tan claro que Gingrich lo había inventado para diferenciarse de Romney sin alejarse de la línea dura antiinmigrante, que nadie compró la idea.

El mismo Romney reaccionó con una astuta observación: “Ah, sabes, nuestro problema no son 11 millones de abuelitas”.

Momento torpe 3: Mi papá nació en México

Cerca del día de la votación, Gingrich acusó Romney de antiinmigrante. Este es el aviso en español, en donde el ex presidente de la Cámara Baja dice: “Soy Newt Gingrich, y apruebo este mensaje.”

La protesta de varios políticos, incluyendo a Marco Rubio, llevó a que Gingrich cancelara el aviso.

Como dijo Rick Perry: Ups. Demasiado tarde. Romney ya lo había visto. Se ofendió. Lo tomó a pecho. En el próximo debate dijo que el anuncio era “imperdonable” y “repulsivo”. ¿Cómo pudiste hacerme eso?

“Señor Speaker, ¡yo no soy antiinmigrante! ¡Si mi papá nació en México!”

Ah. ¡Por supuesto! Argumento demoledor. Lógica férrea. Increíble filosofía. ¿Para qué enseñar Sócrates, Descartes o Spinoza, si tenemos a Mitt Romney?

Porque, en serio, ¿cómo puede un estadounidense ser antiinmigrante cuando sus antepasados casi siempre nacieron en otra parte?

Momento torpe 4: El Cafecito

De todas las muestras de la relación de los candidatos con los latinos, este es el momento que me hubiese gustado presenciar. Newt Gingrich va a un café cubano. Le dan una tacita del mejor café del mundo. El bebe y la gente lo mira absorta. Sigue bebiendo y lo miran. Quizás estén esperando que se atragante. Pero no se atraganta. ¿Muy fuerte? ¿Demasiado dulce? Su cara no dice nada. Pero termina su cafecito con gran pompa y circunstancia, ante vivas y aleluyas.

En fin, no se puede decir que los candidatos no han tratado. De hecho, hicieron más que eso. Romney dijo que vetará el DREAM Act, la propuesta de ley que permitiría la legalización migratoria de muchos jóvenes indocumentados. Gingrich en cambio, vetará sólo la mitad. Ambos prometieron establecer el inglés como idioma oficial. Y que si llegan al poder, matan a Fidel Castro.

Así que si uno de ellos gana y Fidel – que tiene 86 – muere en los próximos cuatro años, ya saben.

Y así siguieron, hasta que el mismo Dr. Ron Paul, porque hay afortunadamente un médico entre los candidatos, tuvo que despertarlos.


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